Teatro

Crónica Ballet Nacional de Cuba: El Lago de los Cisnes

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La increíble sintonía de los Cisnes fuera de su Lago

Parece que el Tívoli le ha cogido gusto al aplauso y la platea en pie. Después de Darín y Rivas, un género completamente distinto, el ballet clásico logró los mismos objetivos. Y eso acaba de pasar hoy miércoles al terminar la primera de las funciones de El lago de los cisnes a cargo del Ballet Nacional de Cuba que dirige esa maravillosa señora que es Alicia Alonso.

Alma, corazón y vida de una formación disciplinada que conjunta como ninguna sensibilidad y técnica, rigor y sinfonía. La formación, numerosa, es del más alto nivel competitivo y transmite una historia conocida cuyo punto de sorpresa es el modo de contarla, en este caso bailarla. Poco importa que sepamos que el príncipe cae en las redes de la malvada Odile cuando le ha prometido amor eterno a Odette, (siempre está el brujo enredador de entuertos), porque en el precipitado final llevará al altar a ésta última. Y mucho menos que sepamos de memoria la mayoría de compases y esperemos con fruición, aunque no seamos expertos en ballet, el celebérrimo paso a cuatro creado por Marius Petipa, uno de los coreógrafos en que se inspiró la nonagenario Alonso (95) para este espectáculo que estará en el Tívoli hasta el domingo.

No importa porque es una delicia contemplar este espectáculo de larga duración (dos horas cuarenta minutos con dos entreactos)que se esfuman sin darnos cuenta. Tras el folklórico primer acto llega el segundo, probablemente el mejor de los tres y el epílogo, donde la formación de cisnes, dentro y fuera de su lago azul, es un ejemplo de seriedad, armonía y perfección, una pura delicia. Poco hay que decir : simplemente recomendar un ballet, que siempre corres el riesgo de ser tildado de cursi, pero no importa, vayan a ver El lago de los cisnes” y reactiven su sensibilidad. En esta primera función Anette Delgado y Dani Hernández fueron el cisne (blanco y negro) y el príncipe respectivamente, cabezas de serie de una compañía fantástica, sin ningún tipo de fisura.

A la hora de los saludos la pareja protagonista sacó al escenario a Alicia Alonso, perfecta, envuelta en paillettes, con turbante, maquillaje perfecto. Y allí, entre ambos, se atrevió a mover los brazos cual cisne veterano, cruzó las piernas y hizo un amago de genuflexión hacia un respetable que en aquel momento ya estaba en pleno delirio de admiración. Y ovación.

Fuente: Artículo de Josep Sandoval, La Vanguardia 

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